Acordar conductas cuando no hay riesgo

Cuando el consultante tiene conductas que atentan contra la vida y contra la terapia los terapeutas somos bastante habilidosos para elegir que conducta tratar, no hay como perderse (Aquí). Cuando el consultante llega al tratamiento con un alto nivel del desorden, su funcionalidad señala la falta de habilidades, pero sin conductas que atentan contra la vida solemos desorientarnos y perder el rumbo. La jerarquía de conductas problemas deja de servirnos para discriminar las conductas problemas.

Cuando solo tenemos conductas que atentan contra la calidad de vida existen tres criterios para discriminar las conductas problemas. La preferencia del consultante, el riesgo para las metas o la función de la conducta.

Discriminar mirando las preferencias del consultante

Aunque siempre nos interesa la opinión del consultante sobre que conducta tratar, si existen conductas que atentan contra la vida la jerarquía es mandataria. Cuando no existe riesgo para la vida la preferencia del consultante cobra mayor importancia aunque no es el único criterio. El terapeuta todavía puede opinar sobre la amenaza que determinada conducta representa para las metas o el potencial de generalización a otras conductas.

Discriminar mirando las metas

Si el consultante quiere trabajar sobre su relación de pareja, pero tiene dificultades para llegar a horario a su trabajo el terapeuta puede señalar que el daño que ocasionaría quedarse sin empleo es más importante que las discusiones de pareja en este momento para las metas.

Tener claras las metas sigue siendo la tarea más importante para definir las conductas problemas. El truco esta en ayudar al consultante a no perder de vista una meta en nombre de otra. Si sus metas son tener una pareja cariñosa y ser independiente, no puede olvidar las conductas que ponen en riesgo su trabajo en nombre de las que ponen en riesgo su relación de pareja.  

Discriminar mirando la función

Existe un último criterio para elegir una conducta que atenta contra la calidad vida cuando no existen conductas que atentan contra la vida que es su capacidad para generar aprendizajes que se puedan generalizar a otras áreas.

Las emociones intensas y las conductas rigidas asociadas a ellas todavia son una buena guia para elegir de que conductas ocuparnos. 

Entre todas las conductas el terapeuta debe buscar una cuya función sea similar a otras conductas problema.

Si muchas de las conductas problema del consultante tienen la función de suprimir las sensaciones a la vez que reducen la incertidumbre obteniendo reaseguro es bueno elegir una conducta que tenga esa función. 

Si muchas de las conductas problemas del consultante tienen la función de castigar la deastención y obtener atención es bueno elegir una conducta que tenga esa función. 

Guardamos la esperanza que al trabajar con esa conducta la mejoría se traslade a otras áreas.

Juan Pablo Boggiano

Terapeuta & Docente. Autor del libro Terapia Dialectica Conductual, introducción al tratamiento de consultantes con desregulación emocional. Trabajo como entrenador de Behavioral Tech por más de ocho años.

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